Descomposición espectral

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Mi abuelita era de la tercera generación de colonos de Marte, y cuando lo vio solo pudo decir parte de su poema favorito ” Benditos sean mis ojos porque tan alto miraron “. Mírame, quinta generación de marciano y todavía hablo en diminutivo como poblano. Como te decía, de niño me dijo su deseo, muy bajito, como un secreto y para mí se convirtió en un reto.

Desde entonces la luz se me hizo una obsesión: saber qué es el color, cómo es el tipo de luz que viene del sol y qué tan distinto es el espectro marciano respecto al de la tierra. Y luego la forma exacta para colocar los prismas.

Una vez pensé en usar nanobots, pero eran demasiado caros. Además ¡necesitaría comprar millones de ellos tan solo para lograr solo un efecto muy diluido!

La solución llegó, low tech, pero efectiva.

Hoy salí con mi abuelita al cielo abierto. Las articulaciones mecánicas de su traje chirriaban de vez en cuando. Pero nunca quiso cambiarlo. “Con este paseaba junto con tu abuelo” me decía siempre que salíamos. Y la veía cada cierto tiempo remendándolo con el sellador. El traje tenía tantos parches que ya parecía una vieja colcha de quilt, como las que hacía la tatarabuela, según vi en algunas fotos.

El pretexto fue mostrarle mi proyecto. Para humedecer la atmósfera desarrollé un sistema que calentaba depósitos de hielo subterráneo. El agua salía como vapor a muy alta temperatura y subía hacia la atmósfera a cierta altura. Si, un géiser artificial. Ese día era la primera prueba completa.

La senté en una colina cercana al géiser, donde siempre me llevaba de niño a ver las estrellas. Si estuviéramos en el otro planeta habría tendido una manta y tal vez hasta le hubiera servido un poco de mezcal para mojar una cemita de chicharrón traída de nuestra sección. Pero aquí solo nos toca usar una roca marciana como silla y beber un poco de agua de la pipeta de traje mientras nos esperábamos.

Le di el botón disparador e hice el conteo regresivo.

Mi abuela era una mujer correosa. Había sobrevivido a las temperaturas extremas mientras construía el mayor de los invernaderos para la colonia. Ahí afuera, con tan solo un traje, las herramientas de mano y un puñado de voluntarios, soldando, taladrando atornillando, placa tras placa hasta completarlo todo. Luego, como ingeniera agrónoma dio de comer a toda su generación con sus diseños y creaciones. Fue amada, y amó tanto que hizo una familia muy grande.

Ahora era viuda y sus hijos construían nuevas colonias marcianas. Solo yo me había quedado en la suya para acompañarla, y aprender de ella, mientras recordaba cuando paseaba por ahí con su amado, deseando y procreando a mi mamá.

Ese día apretó el botón, y el láser hizo brotar el chorro de agua. Todos los cálculos de los años pasados funcionaron, aunque de todos modos crucé los dedos por si acaso.

A los pocos segundos ocurrió lo previsto: primero el color rojo, precisamente porque el amanecer estaba terminando, y luego vinieron los demás colores, contrastando con el cielo todavía oscuro.

Mi abuela lloraba de alegría ¡un arco iris!, siempre había querido ver uno y ahora lo tenía frente a ella en un planeta donde la habían dicho que no había suficiente humedad para que existiera.

Por unos minutos ambos fuimos infinitamente felices.

Después me hizo prometer que nunca más activaría el géiser a esa hora. Un proyecto de terraformación que hace un arcoíris no es para cualquiera. Oficialmente solo se activa de noche, pretextando la seguridad de los granjeros aledaños, y solo cuando mi abuelita se pone un poco triste.

Mañana lo haré de nuevo, por primera vez, sin ella.

Destacado

Escribir para divulgar: comunicación de la ciencia en medios digitales

La divulgación científica y tecnológica permite comunicar las novedades
científicas a la población, ayuda a comprender los procesos de la investigación
científica y permite a la población tomar decisiones a partir de información verificada,
al tiempo que genera vocaciones.
Hay quien afirma que lo importante de la divulgación es dar a conocer los procesos
de la ciencia y la tecnología. Y yo creo que sí, que es bonito ver cómo los conceptos
de la ciencia se pueden aplicar, aun a nivel secundaria, en elementos tecnológicos. Y
todavía se puede innovar y ser creativo.

En mi práctica docente me he dado cuenta de que el acto de escribir es el talón de
Aquiles de las actuales generaciones que conviven con el internet. En mi experiencia,
a veces solo se necesita que alguien te de una motivación, un pequeño empujón, para
que te animes a escribir. Este libro busca darte ese empujón y que empieces a escribir
desde ya.

Si después de leer este libro te animas a contar lo que te gusta de la ciencia en alguno
de los medios que se abordan, si logras percibir a la divulgación como una opción dentro
de tus actividades, o puedes ver con otros ojos el trabajo de un divulgador de la
ciencia, el escribirlo habrá valido la pena.

Te invito a leer mi libro, la descarga es gratuita.