Procrastinación

Hasta parece una palabrota, pero solo es  una forma de designar a esta actitud de dejar las cosas para después. Sobre todo en la actualidad cuando hay todo tipo de distractores, empezando por el celular.

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Mira la imagen completa en: https://zenpencils.com/comic/poe/

Uno de mis artistas favoritos, Gavin Aung Than, tiene un hermoso proyecto llamado Zen pencils en donde ha puesto un comic sobre esta palabra, basado en un cuento de Edgar Allan Poe.

El texto de este comic es el siguiente:

Tenemos ante nosotros una tarea que debe ser cumplida velozmente. Sabemos que la demora será ruinosa. La crisis más importante de nuestra vida exige, a grandes voces, energía y acción inmediatas. Ardemos, nos consumimos de ansiedad por comenzar la tarea, y en la anticipación de su magnifico resultado nuestra alma se enardece. Debe tiene que ser emprendida hoy y, sin embargo, la dejamos para mañana; ¿y por qué? No hay respuesta, salvo que sentimos esa actitud perversa, usando la palabra sin comprensión del principio. El día siguiente llega, y con él una ansiedad más impaciente por cumplir con nuestro deber, pero con este verdadero aumento de ansiedad llega también un indecible anhelo de postergación realmente espantosa por lo insondable.

Este anhelo cobra fuerzas a medida que pasa el tiempo. La última hora para la acción está al alcance de nuestra mano. Nos estremece la violencia del conflicto interior, de lo definido con lo indefinido, de la sustancia con la sombra. Pero si la contienda ha llegado tan lejos, la sombra es la que vence, luchamos en vano. Suena la hora y doblan a muerto por nuestra felicidad. Al mismo tiempo es el canto del gallo para el fantasma que nos había atemorizado. Vuela, desaparece, somos libres. La antigua energía retorna.

Trabajaremos ahora. ¡Ay, es demasiado tarde!

La traducción la tomé  de  El espejo gótico,  que tiene el cuento completo, titulado El demonio de lo perverso.

Iba a poner mas sobre el cuento, pero creo que lo voy a dejar para después.

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¡Gracias!

Agradezco por el apoyo y descubrimos quien hizo la portada del libro

Este pasado lunes 20 de marzo tuve el gusto de presentar mi libro Con-Ciencia. Un libro con textos de divulgación científica, pero en el que uso cualquier pretexto para hablar de la misma.

La Jornada de Oriente invitaba a la presentación de este modo:

Temas diversos abordados desde la ciencia. Lo mismo sobre los libros asesinos, sobre la forma en que las matemáticas salvan vidas, sobre los zombis que teclean tweets, sobre un ícono de la lucha libre mexicana como el Santo que se enfrenta a los Reyes magos, sobre los robots y su inclusión en la vida cotidiana, o sobre la particular voz de Freddie Mercury, líder del grupo de rock Queen. Todas estas temáticas abordadas con un lenguaje coloquial, nada críptico, sucinto e interconectado con otros textos sustentados, críticos y también científicos.

Y se sintió muy bonito ver ahí a muchos de mis amigos, acompañándome en este evento que tal vez para otros fuera sencillo, pero tan importante y emocionante para mí.

Es por esto que doy las gracias en esta entrada a todos los que de un modo u otro me han apoyado, empujado o hasta obstaculizado para este proyecto.

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La nota en Andador Urbano

En la presentación me acompañó en la mesa el Dr. Omar López Cruz, astrofísico del INAOE y ahora un gran amigo. Dulcis, Purus, Sal et Adipi, titula el texto con el que presenta el libro, lo cual en griego significa: de dulce, de chile, de sal y de manteca; indicando que la variedad de temas es para todos los gustos. Agradezco a Omar este texto y que me acompañara a la presentación tanto en la FENALI como la previa en la FILEC y todas las que se puedan además.

También debo agradecer al maestro Ricardo Cartas por darme un espacio en el blog de Radio BUAP, y motivarme con la posibilidad de que estas entradas se convirtieran en este libro que ahora se presentó.

Una gran amiga me ha apoyado leyendo cada entrada y dando su opinión de lo que falto o sobra: Angélica Abascal, gracias.

Obviamente mi esposa y mis hijos son el motivo para hacer algo por mejorar el mundo, pero también mi apoyo y cobijo.

Debo agradecer de manera especial a Miguel Chan. El ha hecho la magnífica portada del libro. En twitter aparece como @miguelchan, y por medio de esa plataforma me platicaba cómo fue el proceso que definió la imagen:

Miguel Chan

Buen día Dr. Le cuento. Con la poca información que tenía al momento pude darme idea de lo que es el texto.

He leído sus artículos en el blog de radio BUAP y en general siempre he sido fanático de la divulgación científica.

Creo que en éste tema la imaginación propia del lector es muy muy importante. Porque por decir algo, en temas de astrofísica o física teórica es muy difícil mostrar o ilustrar lo que se quiere explicar.

Entonces la imagen la desarrollé sobre esto. Quiero mostrar que el texto que tenemos en la mano es el detonante de toda esa información interpretado por nuestra imaginación que es un proceso interno y personal.

¡Gracias Miguel! La portada ha gustado mucho y creo que refleja muy bien el espíritu del libro.
A todos los amigos que asistieron ese día y a los que no pero estuvieron presentes en la distancia con mensajes desde las redes: gracias.
Todo esto me anima mucho a seguir con este trabajo siempre me ha dado satisfacciones y hasta un premio.
Te invito a que leas el libro y me digas que te parece. El libro es gratuito y puedes bajarlo desde esta liga.

Pedro Páramo


Como parte de los festejos del 50 aniversario de la persona a la que más quiero, me di el gusto de leer a Pedro Páramo

Cuando el joven me decían que debía de leerla lo ponía entre mis pendientes, pero embelesado por la ciencia ficción lo dejado pasar hasta este momento.

Esta edición es muy bonita. EL tipo de papel y la pasta son muy agradables, además hay una nota sobre la tipografía, dándole crédito al creador que la realizó ¡en 1685!

Por julio del año pasado estuve a punto de comprarlo en mi visita a Campeche, pero preferí comprar un libro para mi niña. Llegando se lo mostré, pero ya lo habían comprado como parte de la lista escolar. Eso me sonó a un aviso: debía tener el libro.
En diciembre lo vi en el lugar menos pensado, un supermercado, y lo tomé y no lo volví a soltar. Empezó el año y empecé a leerlo. No pude avanzar por la vorágine de eventos de enero. Pero este fin de semana lo empecé con la decisión de terminarlo este martes, en mi cumpleaños.

Y sí, el libro, las historias, la novela, me gustó.

Esta visión como de sueños, que no sabes si el que habla está vivo o está muerto. Esta visión de vidas pasadas que se cuentan en presente, esta visión en la que todos hablan de lo que pasó, pero no sabes qué está pasando. Todo eso me ha dejado realmente impresionado. Otra forma de realismo mágico.

Ahora que me doy cuenta de que me he puesto a pensar si esto de dejar pasar algunas cosas no me ha pasado también con algunas relaciones, historias, amigos, decisiones.

El cuento me recuerda los momentos cuando he estado en los pueblos con los tíos, con los abuelos, con los amigos. Las historias se parecen tanto que me hace creer que realmente todos somos de Comala.

Curiosamente me encuentro con un nombre conocido, porque mi padre es de Contla, de San Bernardino Contla, Tlaxcala. Un pueblo que hace hermosas cobijas, los saltillos, gabanes, y muchas cosas de lana. Todavía recuerdo que de niño podía ver los telares al asomarme por las puerrtas de las casas cerca de la iglesia. Me llama la atención saber que hay otros pueblos con ese nombre, y que mis abuelos también salieron de ahí porque querían algo bueno para su hijo, mi padre.

Bueno, esta parte de la fiesta me gustó. Veamos que toca hoy.

Un nuevo Edumaker

La historia de Eugenio: Te platico como ha nacido un nuevo Edumaker

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Eugenio llegó un poco atemorizado, con precaución. Preguntaba sobre la posibilidad de hacer una tesis.

“Sabe, hace años salí de la facultad y ya solo me falta la tesis para titularme”

Profesor de bachillerato, su preocupación de aportar algo a sus alumnos me hizo proponerle el uso de Arduino en una de las unidades del programa.

“¿Arduino? He oído hablar de él. ”

Le mostré la pequeña placa que hemos usado para hacer desde pequeños robots hasta ¡un arpa láser!

2015-03-20 13.41.57A las dos semanas regresó con las primeras actividades realizadas: ya podía encender un led y registrar un sensor.

Después descubrió que podía aplicar lo que había aprendido en la carrera de electrónica y simplificó el sistema, para tener solo el microprocesador conectado a un cristal y mantener el reloj bien definido.

Desarrollamos un trío de prácticas para que hicieran sus alumnos, y que a bajo costo se aplicaran en su casa: prender o apagar un foco con tiempo o con sensores y controlar una bomba de agua.

Han pasado unos meses y apenas ayer me visitó con su último avance.

“Mire profesor, ya lo tengo con Bluetooh, ¡para no tener cables!”

El tema le había encantado. La palabra encantado aquí significa que le ha hechizado, es decir, no ha dejado de trabajar en el tema y va recordando lo que sabía de ingeniería para hacer dispositivos mas complejos cada vez.

En un trabajo que presenté con otro estudiante (Eide,2016), platicábamos de lo que es la cultura maker y de cómo esperamos que esta impacte en los profesores para que ellos la apliquen en su modo de enseñar matemáticas.

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A este tipo de profesores los denomino Edumakers, y Eugenio se ha vuelto uno de ellos, pero en su caso trata de acercar la domótica a los chicos de su aula.

La imagen del inicio muestra el último de los dispositivos que ha logrado realizar. Es clara la forma maker de hacer las cosas: investigando en línea, usando lo que hay a la mano, avanzando a pesar de los obstáculos.

Eugenio terminará pronto la tesis y en sus planes futuros está hacer una pequeña empresa de domótica basada en estos dispositivos con Arduino.

Me siento orgulloso de haber tocado la vida de este profesor. Esta nueva forma de pensar ya está impactando en sus alumnos, que pueden ver que la tecnología puede ser creada por ellos mismos, como lo hizo su profesor.

¿Te interesa ser un Edumaker?

 

 

 

 

 

El aprendiz de bibliotecario

¿Sabes porqué me gustan las bibliotecas? Si quieres saberlo lee este post de mi blog.

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Debo admitirlo: de pequeño no existía el internet. Y en mi casa no había muchos libros. Pero un día me enteré que había un vecino que te rentaba las enciclopedias por un veinte para hacer las tareas. Y fui para hacer la tarea. Pero sus enciclopedias eran muy viejas.

Después me enteré que existían las bibliotecas. Por ejemplo, a la vuelta de la escuela, en la Libertad, existe todavía una biblioteca, que a veces está abierta, otras no, por falta de presupuesto.

Ahora es más fácil encontrar información, pero antes las bibliotecas eran tesoros de conocimiento.

Una de las cosas de la vida que más me gustaba de niño era andar en bicicleta. Lo que no es algo insólito en un niño, pero conforme crecía me iba alejando de mi casa más y más. Solía escaparme después de comer. En una ocasión me alejé tanto que ya empezaba a atardecer. Había cruzado el río Atoyac y pasé de Pueblo Nuevo hasta llegar a Manantiales.

No más de 5 kilómetros, pero para mí ya era toda una odisea. Allí encontré otra biblioteca, que solo pude visitar por diez minutos. Recuerdo que era una casa pequeña a la que tenías que subir por unas escaleras de metal muy empinadas, y justo enfrente de un parque.

En la secundaria tuve acceso a la biblioteca, pero como ocurre en muchos casos, los libros los prestaba poco para que no se maltrataran. Lo que si conocí en ese lugar fue la trova, que mi prefecto me presentara con la voz de Milanés cantando “Yolanda”

Ya en el bachillerato me tocaba hacer servicio social, así que pregunté si se podría hacer en una biblioteca, en una que estaba en el centro en la ex cancha de San Pedro. Antes un hospital, en sus espacios enormes los libreros y revisteros se veían diminutos. Me aceptaron como apoyo en la hemeroteca. Mi tarea era simple: acomoda las revistas en orden, si te piden un material lo buscas y lo reacomodas cuando lo regresen, recibir los recados. Y eso era lo que más hacía porque el encargado aprovechaba que estaba ahí y se iba a tomar sus copas en la cantina de la esquina. Eso no me gustó cuando tuve que irle a dar el recado hasta adentro del antro porque urgía su presencia. Fuera de eso me encantaba el lugar porque podía leer a mis anchas periódicos de otros años. Me encantaba el nacional porque tenía cuentos y poesías. Pero otros tenían historietas. Y ahí me enteré en los ochentas que aparecía la epidemia del siglo: el sida.

Pero me cambié a la Biblioteca Central, que quedaba a veinte calles de mi casa, más moderna, con más personal. Ahí mis actividades eran más variadas, pero me enseñaron el sistema de clasificación, y su director, el maestro Othón, era un intelectual que generalmente respondía mis preguntas sobre los más variados temas. Ahí fueron a tocar los Patita de perro cuando apenas estaban empezando. Ahí leí mucha ciencia ficción y vi por primera vez una araña viuda negra al limpiar la hemeroteca. Esa biblioteca se movió años más tarde al centro, a San Francisco: Biblioteca Miguel de la Madrid. La visité una vez y me enteré de la vida de algunos de los compañeros.

Para ese entonces ya tenía un par de libros, y uno de los retos era tener más libros que Bastian Baltazar Bux, de la Historia sin fin, ¡que tenía cien!

El haber sido, si no bibliotecario, aprendiz de bibliotecario, me dio cierto amor por las bibliotecas.

En la carrera me hice amigo del bibliotecario y, cuando lo cambiaron, también de la bibliotecaria.  La biblioteca de la Escuela de Físico Matemáticas estaba en el tercer piso de uno de los edificios junto a la 14 sur. Era el equivalente a dos salones de clase. En uno estaba el acervo y en el otro las mesas. Era un servicio cerrado en el sentido de que debías pedir el libro después de revisar el fichero. Pero a lo que a mi me gustaba era entrar a los libreros y pasarme horas hojeando a voluntad. ¡Cuántas horas me pasé ahí perdido entre los textos de geometría, de análisis, de divertimentos matemáticos, de álgebra abstracta!

En muchas ocasiones, en mis viajes, era obligatorio conocer la biblioteca del lugar, si la había. En cada universidad, en cada pueblo, en cada facultad. Este amor por las bibliotecas te hace valorar cada libro y cada espacio de lectura. Como el Consejo Puebla de Lectura que recupera su espacio en estos días.

Debo confesar ahora que no siempre he tenido una cámara en la mano, por lo que no puedo documentar gráficamente esas visitas, pero si puedo rememorarlas.

La última confesión es que envidio tres bibliotecas. La de Alejandro, con sus miles de volúmenes y con forma de biblioteca antigua y religiosa, que pongo en este post de portada. La de Domingo, con sus libros en Ruso de historias y ciencias de esas lejanas tierras.  Y la del maestro Pepe, construida en su jardín,  donde escribe matemáticas, y nunca me dejó entrar.

¿Cuáles son tus bibliotecas favoritas?

Un apunte

Un poco sobre los borradores de mis entradas de blog

Generalmente suelo escribir los borradores directamente en la computadora o, como en esta entrada, en el celular.

Suelo usar Evernote por la facilidad de cambiar del celular a la tableta o a la compu. ¡Es muy cómodo!

Sin embargo hay ocasiones en que no es posible o correcto usar la máquina.

Esta hojita de la foto fue un borrador de una de mis entradas favoritas del blog Con-ciencia en radio BUAP. La entrada sobre mujeres espías y con la agente Cárter como protagonista.

Debo confesar que mi letra no es muy bonita, pero debo decir algo más: empecé a escribirla porque me aburría tremendamente alguien que estaba hablando mucho sin decir gran cosa.

Así que para no bostezar, o vomitar, disimulé y le hice creer que tomaba notas de lo que decía. No creo que me pusiera mucha atención pero este papelito me ayudó a escribir aquella entrada que me gustó tanto.

¿Tú has tenido alguna experiencia parecida?