No me gusta el rosa

Reflexionando sobre la equidad de género en el aprendizaje de la tecnología.

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¿Recuerdas los robotitos de papel con los que he estado trabajando en MoocBot?

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Cuando se diseñaron estos robotitos de papel hicimos varias pruebas de color como se ve en la imagen anterior.

Finalmente dejamos dos colores que por tradición se usan para ambos géneros, azul para niño y rosa para niña.

Lo que hemos podido observar es que dependiendo de la edad esto no tenga sentido.

De pequeños si tienen muy marcada esta división y no están cómodos si no tienen su color adecuado. Curiosamente, si no tenemos rosa las niñas no se molestan si les toca azul.

Ya es en secundaria y bachillerato que hemos escuchado “a mi no me gusta el rosa” y las niñas escogen el azul para realizarlo. En el caso de los chicos no tienen problema si les toca rosa aunque los compañeros se burlen un poco. Algunos lo piden específicamente en rosa porque lo pueden regalar a la novia.

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En  mi grupo de trabajo, Hipercubo, participan por igual chicas y chicos. Y sólo depende de su capacidad e interés el ser líder en la impartición de un taller o en el desarrollo de un prototipo para los talleres. El género no es una variable a tomar en cuenta en hacer tecnología para nosotros.905515_649630855150885_3836244321611757225_o

Pero para algunos padres si lo es. Siempre escuchamos a las niñas decir que no se les permite tocar  herramientas. Aunque en todos los años que hemos trabajado en esto sólo una vez un niño quedó paralizado y se negó completamente a usar herramientas sin el permiso de sus padres.

En Moocbot se plantea que es importante el pensamiento computacional para poder introducir la robótica en el aula. Nosotros creemos también que es importante darle a los niños y en particular a las niñas, la oportunidad de tener una herramienta en sus manos y desbaratar algo, tal vez un juguete viejo, ver lo que tiene dentro y usar esas herramientas ahora para construir algo nuevo. A ese taller le llamamos Reciclabot y nos dado muchas satisfacciones.

Baste contar una última historia. Una amiga mía se enteró del taller de robótica y se animó a llevar a su niña. Armábamos un seguidor de líneas con circuito impreso y todo y en las dos últimas sesiones programábamos un lego para jugar al sumobot. Este juego se haría en forma de torneo entre los tres equipos que se formaron y se presentaría a los papás al terminar la última sesión. Al final de la jornada mi amiga me comentó: mi niña estaba muy emocionada por el minitorneo, hasta pidió permiso a su maestra de ballet para faltar hoy y poder quedarse en la sesión frente a los papás.

Lo último lo vi como lo que pensamos que debe pasar: ni la feminidad está peleada con la tecnología, ni la tecnología debe estar definida por géneros.

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